Una conversación sobre infancia, prejuicios y la libertad de descubrir qué significa ser hombre
por Roberto Pomi
Cuando una autora que ha contribuido a vender millones de libros en todo el mundo, que ha creado su propio proyecto editorial, participa en conferencias, festivales literarios y encuentros educativos, y lleva años comprometida con la igualdad de género y los derechos LGBTQIA+, encuentra tiempo para responder a un mensaje en Instagram y acepta conversar con una pequeña asociación española que trabaja sobre las masculinidades, eso dice mucho del tipo de persona que tienes delante.
Dicen todavía más los pensamientos que Francesca Cavallo compartió conmigo en una conversación profunda, generosa y valiosa sobre el mundo masculino.
Francesca no se limitó a observar a los hombres desde la distancia. Aceptó acercarse, revisar algunas de sus propias convicciones y hacerse preguntas incómodas.
Y eso, para nosotros, tiene un significado especial.
Es hermoso ver cómo se desvanece el prejuicio hacia los hombres, un prejuicio que muchas veces nace de una visión superficial de quiénes somos y de por qué actuamos de una determinada manera. Y es especialmente significativo verlo en una mujer con su trayectoria y su compromiso activista.
Creo que hoy, más que nunca, necesitamos reducir las distancias entre los distintos ámbitos del activismo. Dejar de avanzar en direcciones paralelas o enfrentadas y reconocernos como parte de un mismo movimiento humano, capaz de liberar a todas y todos de las estructuras que limitan nuestras posibilidades.
Nos lo están pidiendo las nuevas generaciones.

¿Quién es Francesca Cavallo?
Francesca Cavallo es escritora, emprendedora editorial, directora teatral, conferenciante y activista italiana por la igualdad de género y los derechos LGBTQIA+.
Es coautora de los dos primeros volúmenes de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, un fenómeno editorial internacional que amplió los referentes culturales ofrecidos a millones de niñas.
Tras su salida de Rebel Girls fundó Undercats Sudios, un proyecto editorial independiente dedicado a aumentar la diversidad en la literatura infantil. Su trabajo la ha llevado a participar en festivales, universidades, instituciones y encuentros sobre infancia, educación e igualdad.
En octubre de 2024 publicó Storie spaziali per maschi del futuro, una colección de relatos que dirige la mirada hacia los niños y hacia la necesidad de construir modelos masculinos más amplios, humanos y libres de estereotipos.
La conversación completa
Publicamos la entrevista completa en nuestro canal de YouTube, pero puedes verla directamente aquí. Francesca habla sobre infancia, educación emocional, identidad masculina y el origen de Storie spaziali per maschi del futuro. Y después podemos seguir conversando.
Todo empezó con un sobrino
Durante años, tras el éxito de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, Francesca recibió una y otra vez la misma pregunta: “¿Y para los niños qué?”
Al principio, aquella insistencia le molestaba. Le parecía una manera de desviar la atención de un proyecto nacido para ofrecer a las niñas los referentes que la cultura les había negado.
Pero entonces nació su sobrino.
Mientras buscaba un regalo para él, descubrió algo que hasta aquel momento no había observado con la misma claridad. Para su sobrina podía imaginar un universo cada vez más amplio de juegos, personajes, colores y posibilidades. Para un niño, el territorio seguía siendo sorprendentemente pequeño.
Acción. Competición. Fuerza. Velocidad. Superhéroes. Aventuras en las que siempre había que combatir, ganar o demostrar algo.
Comprendió que muchos padres y madres que preguntaban por los niños no intentaban quitar espacio a las niñas. Estaban buscando otras historias para sus hijos.
Historias que les permitieran crecer sin encerrarse demasiado pronto dentro de un personaje.
Así nació Storie spaziali per maschi del futuro: un libro que propone modelos liberados de la lógica del príncipe azul, del superhéroe invulnerable y del hombre que debe ser siempre valiente, eficiente y dispuesto a ponerse en peligro.
¿Y si también desconfiáramos de los niños?
Hay una confesión de Francesca que me parece especialmente valiente. Cuando escribió para las niñas, no necesitó hacer un acto de confianza.
Sabía, por su propia experiencia, que las mujeres no son menos inteligentes, menos valientes ni menos capaces que los hombres. Sabía que la supuesta inferioridad femenina no era naturaleza, sino cultura.
Sin embargo, al pensar en un libro dirigido a los niños descubrió algo dentro de sí misma.
“Tuve que admitir que había una parte de mí que no confiaba en los varones. Una parte que pensaba que eran naturalmente más agresivos y menos empáticos.”
Era el reflejo inverso del mismo mecanismo que había combatido durante años.
Unos afirmaban que las mujeres eran naturalmente más sumisas y menos aptas para liderar. Ella había llegado a pensar que los hombres eran naturalmente más violentos.
Reconocerlo cambió el punto de partida.
“No se puede escribir un libro para niños desde un lugar de sospecha. No puedo mirar a los niños que tengo delante como si fueran potenciales violadores cuyo instinto debo desactivar. Ningún niño merece ser mirado como un sospechoso, sea niña o niño.”
Si miramos a un niño esperando encontrar agresividad, apatía o peligro, corremos el riesgo de participar en la construcción de aquello que tememos.
Conceder a los niños el beneficio de la duda no significa ignorar la violencia masculina.
Significa preguntarnos qué podemos hacer antes.
Qué historias podemos contarles.
Qué emociones podemos permitirles.
Qué posibilidades podemos dejar abiertas.
Ser hombre para no ser mujer
Hay una pregunta que me acompaña desde que nació Men out of the Box y que también aparece a menudo en nuestros Box Talk: ¿Qué significa ser hombre?
No la hacemos porque tengamos una respuesta preparada. La hacemos porque necesitamos espacios donde poder formularla.
La reflexión de Francesca fue tan sencilla como reveladora:
“Tal y como funciona ahora la cultura, creo que ser hombre significa principalmente no ser mujer. Ese es el punto de elaboración en el que nos encontramos.”
No llorar.
No tener miedo.
No necesitar ayuda.
No moverse de determinada manera.
No mostrarse demasiado cariñoso.
No parecer débil.
No parecer femenino.
Demasiadas veces, la identidad masculina no se construye alrededor de lo que un niño puede descubrir, sino de todo aquello de lo que debe alejarse. Francesca propone cambiar el punto de partida.
“El trabajo que intento hacer con Storie spaziali per maschi del futuro busca una actitud de mayor curiosidad y apertura. Lo hermoso es ponerse en la perspectiva de alguien que quiere descubrirlo: ¿qué significa para mí explorar este cuerpo en el que he nacido, esta configuración única?”
Quizá ser hombre no consista en encontrar una respuesta definitiva.
Quizá consista en tener la libertad y el valor de seguir haciéndose la pregunta.

Una armadura que hemos construido entre todas y todos
En Men out of the Box hablamos de la “Caja”, la Man Box: el conjunto de expectativas y mandatos que define cómo debería comportarse un “hombre de verdad”.Ser
Francesca utiliza otra imagen: la armadura. Una estructura cultural que quizá tuvo una función en determinados momentos de la historia, pero que hoy limita, aísla y hace daño.
Su perspectiva puede resultar incómoda: la cultura patriarcal no ha sido construida exclusivamente por los hombres.
Durante los años que dedicó a investigar y escribir centenares de historias sobre mujeres, comprendió que ellas habían participado en la construcción del mundo mucho más de lo que la historia oficial había querido reconocer. Sus aportaciones fueron silenciadas o atribuidas a otros. Pero no dejaron de existir.
“Cuando admitimos que el mundo que nos rodea también fue creado en gran medida por las mujeres, no podemos pensar que ellas participaron únicamente en las cosas buenas. El entramado que llamamos cultura patriarcal es algo que, de alguna manera, hemos creado conjuntamente.”
No se trata de repartir culpas ni de relativizar las desigualdades.
Se trata de recuperar la posibilidad de transformar juntas aquello que hemos heredado.
“Si hoy nuestro potencial nos permite liberarnos de las partes de esta armadura que ya no sirven y que, además, hacen daño, entonces ese es un viaje que me interesa.”
También a nosotros.
La pregunta ya no es quién tiene la culpa.
La pregunta es qué parte de la armadura podemos empezar a quitarnos.
El héroe que desprecia su propia vida
Los modelos que ofrecemos a los niños no son inocentes.
El príncipe debe salvar a alguien. El superhéroe debe enfrentarse al peligro. El protagonista masculino puede sentir miedo, pero solo durante unos segundos, antes de superarlo y continuar luchando.
El mensaje se repite: un hombre valioso es un hombre capaz de arriesgarse, resistir y sacrificarse.
Pero detrás de esa celebración del coraje se esconde una enseñanza peligrosa.
“El hombre debe ser siempre eficiente, siempre valiente, debe despreciar el peligro y, por tanto, despreciar el valor de su propia vida. Porque no se puede despreciar el peligro sin despreciar también el valor de la propia vida.”
Enseñamos a los niños a admirar a quien no teme perderse, herirse o morir. Más tarde nos sorprende que tantos hombres no cuiden su salud, no pidan ayuda o vivan el autocuidado como una debilidad.
Quizá necesitemos otros héroes.
Hombres capaces de proteger sin dominar.
De cuidar sin sentirse menos fuertes.
De reconocer el miedo.
De valorar su propia vida tanto como la de las personas que aman.
Un padre que eligió estar
No todos los referentes masculinos de Francesca proceden de los libros. Su padre le ofreció uno especialmente importante.
Frente a la seguridad del trabajo fijo y a las convenciones sobre lo que un hombre debía hacer para demostrar responsabilidad, eligió dar valor a su libertad y a su presencia en la vida familiar.
No fue un padre definido únicamente por su capacidad de producir. Fue un hombre que puso las relaciones humanas en el centro.
A veces, transformar la masculinidad no exige grandes discursos.
Puede empezar con un padre que está.
Que escucha.
Que elige compartir tiempo.
Que muestra con sus decisiones que el éxito no tiene por qué medirse solo en términos de posición, estabilidad o rendimiento.
Volver al cuerpo
Para liberarnos de una identidad construida casi siempre desde fuera, Francesca propone comenzar por algo que llevamos siempre con nosotros: el cuerpo.
Localizar físicamente lo que sentimos.
Preguntarnos dónde aparece el miedo. Qué ocurre en el pecho cuando nos emocionamos. Dónde se instala la vergüenza. Cómo cambia nuestra respiración cuando necesitamos decir algo y no encontramos las palabras.
Antes de explicar una emoción, sentirla.
Antes de juzgarla, reconocerla.
También propone aceptar la incertidumbre de no tener siempre una respuesta y buscar espacios que nos permitan observarnos con mayor afecto: una terapia, la escritura personal, una conversación sincera o un grupo en el que podamos hablar sin miedo a ser corregidos.
En nuestros Box Talk vemos a menudo lo que sucede cuando un hombre encuentra ese espacio.
No recibe instrucciones sobre cómo debería ser.
Empieza a descubrir quién es.

Un mismo movimiento humano
Las conversaciones más interesantes no son aquellas en las que una persona cambia la opinión de la otra. Son aquellas en las que ambas descubren que estaban haciéndose la misma pregunta desde lugares diferentes.
Al apagar la cámara pensé que quizá el objetivo de Men out of the Box nunca ha sido convencer a nadie de nada.
Tal vez nuestro trabajo consista en crear conversaciones como esta. Conversaciones donde desaparecen las etiquetas.
Donde una escritora feminista puede ayudarnos a comprender mejor a los hombres.
Donde una asociación que trabaja sobre las masculinidades puede sentirse profundamente inspirada por una activista que lleva años ampliando los derechos y las posibilidades de las mujeres.
Donde hablar del sufrimiento masculino no significa negar las desigualdades ni competir por el dolor.
Feminismo, derechos LGBTQIA+, educación emocional, nuevas masculinidades y cuidado de la infancia pueden reconocerse como partes de un mismo movimiento humano.
Un movimiento que no pretende intercambiar los papeles ni construir nuevas fronteras. Pretende ampliar las posibilidades de todas las personas.
Creo que eso es lo que nos están pidiendo las nuevas generaciones: que dejemos de entregarles nuestras divisiones como si fueran una herencia inevitable.
Que les demos historias diferentes.
Que permitamos a las niñas seguir ampliando su mundo sin reducir el de los niños.
Y que dejemos de mirar a los hombres únicamente como un problema que resolver para volver a encontrarnos con las personas que existen detrás de la armadura.
La conversación con Francesca Cavallo no nos dejó una definición cerrada de lo que significa ser hombre.
Por suerte.
Nos dejó algo mucho más valioso: la curiosidad necesaria para seguir descubriéndolo.
