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Planifiquemos metas vitales

Una reflexión sobre los planes de año nuevo

por Alberto Simoncini

Empieza un nuevo año y solemos planificar metas. Metas personales y profesionales.

Sin embargo pocas veces planificamos metas vitales profundas que impliquen preguntarnos si el sentido de nuestra vida sigue igual, se está transformando o ya ha cambiado.

Y hay muchos hombres hoy que está buscando entender dónde está aquel sentido y qué forma tiene. 

No siempre saben ponerle nombre a lo que buscan, pero sienten en el profundo que falta algo fundamental en el engranaje del día a día. Algunos se perciben desplazados socialmente, otros desubicados en lo laboral, otros vacíos en la pareja o cansados de un modelo de vida que ya no les dice nada. Esta sensación no es un fallo personal. Es una señal. Algo pide ser revisado.

Durante mucho tiempo, a muchos hombres se nos enseñó que el sentido venía desde fuera: del ser activos, productivos, exitosos, fuertes. Ese guion funcionó hasta hace poco. Hoy, para muchos, ya no funciona. Y cuando un guion se rompe, aparece el desconcierto. La pérdida de referencias no solo genera miedo, también abre una pregunta profunda:

¿quién soy cuando lo de fuera ya no me sostiene o no me nutre?

Sentirse perdido suele vivirse con algo de vergüenza. Como si fuera una condición meramente personal. Como si a cierta edad ya tuviéramos que tenerlo todo claro. Pero perder el sentido no es una patología. Es una experiencia humana. Suele aparecer después de una ruptura, de un despido, de un duelo o de un logro que no trajo lo que prometía. No es el final de nada. Es el inicio de una búsqueda.

Buscar un nuevo sentido no significa inventarse un personaje ni ponerse una meta motivacional. Significa revisar la propia vida con honestidad. Preguntarse qué ya no encaja, qué se ha hecho solo por inercia, qué se ha sostenido por miedo. Y también qué es lo que realmente sigue vivo y con sentido. No es un proceso rápido. Tampoco es cómodo. Pero es profundamente necesario.

Muchos intentan salir de esta sensación llenándose de actividad, de ruido o de objetivos. A veces funciona un tiempo. Luego vuelve el vacío. Porque el sentido no se construye solo desde fuera. Se construye desde una relación distinta con uno mismo. Desde empezar a escucharse. Desde aceptar que hay partes heridas, partes cansadas y partes que aún no han tenido espacio.

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FOTO: maATheus oliveira, joey nicotra – UNSPLASH

Encontrar un nuevo sentido suele implicar soltar identidades antiguas

El que siempre puede. El que no necesita. El que vale por lo que hace. Soltar eso duele, porque ahí estaba gran parte del reconocimiento. Pero si ese reconocimiento ya no alimenta, seguir persiguiéndolo solo aumenta la desconexión. A veces, el nuevo sentido empieza cuando uno deja de huir de lo que siente.

También implica revisar la manera de vincularse. Muchos hombres se sienten perdidos dentro de la pareja o fuera de ella. No saben qué lugar ocupar. No saben cómo pedir, cómo poner límites o cómo sostenerse sin cerrarse. El nuevo sentido no suele encontrarse en “tener a alguien”, sino en aprender a estar con alguien sin dejar de estar con uno mismo.

El sentido no siempre llega como una gran respuesta

A menudo aparece como pequeñas decisiones más coherentes. Decir no cuando antes se decía sí. Pedir ayuda cuando antes se aguantaba. Elegir espacios donde poder hablar sin tener que demostrar, como el Box Talk. Cuidar el cuerpo no para rendir más, sino para habitarlo mejor. El sentido se va escribiendo en lo cotidiano.

Es importante que los hombres tengan lugares donde poder atravesar esta búsqueda acompañados. No desde el consejo rápido ni desde la broma defensiva, sino desde la escucha real. Desde poder nombrar el miedo, la rabia o la tristeza sin ser juzgados. Y sintiéndose apoyados. La construcción de un nuevo sentido es un proceso humano que necesita presencia y tiempo.

Cuando un hombre empieza a encontrar un nuevo sentido, no necesariamente cambia toda su vida. A veces cambia la manera de estar en ella. Empieza a vivir con más verdad. A tomar decisiones menos reactivas. A aceptar que no todo se controla. A reconocer qué le importa de verdad. Y eso, aunque no siempre se note desde fuera, suele traer más calma y más coherencia.

Sentirse perdido no es estar roto. Es estar en transición. Y toda transición pide pausa, revisión y acompañamiento. Hoy, muchos hombres están en ese lugar. No porque hayan fallado, sino porque el mundo que conocían ya no es suficiente. Buscar un nuevo sentido no es un lujo. Es una forma de cuidarse. Y también, de empezar a vivir desde un lugar más propio.

Desde Men out of the Box os deseamos que este año podáis encontrar y caminar hacia las metas vitales que nacen de lo que hoy sois.

Un fuerte abrazo,

Alberto Simoncini

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