¿Por qué nosotros, los hombres, hablamos de erección solo cuando “la fuerza está con nosotros”?
por Roberto Pomi
Apuesto a que estás aquí porque un amigo tuyo te ha hablado de un problema con su erección. Eres muy afortunado, entonces, porque normalmente los hombres no revelan con facilidad detalles que puedan ponerlos en una posición vulnerable dentro de su propio grupo. Los únicos testigos de este fenómeno tan natural son las mujeres —o los hombres— con los que tenemos intención de mantener relaciones sexuales.
En el ámbito de la amistad entre hombres, el sexo representa uno de los temas dominantes. Pero si tienes la suerte de ser aceptado dentro de grupos de amigas, sabrás que ellas también aman hablar de sexo con igual frecuencia… y con mucha más profundidad.
Entonces, ¿qué diferencia realmente a los hombres de las mujeres en la comunicación sobre el sexo? ¿Por qué nos sentimos tan solos, mudos e impotentes ante un fracaso amoroso?

En este ejercicio no añadimos las palabras clave pertenecientes a la comunidad queer, ya que trataremos el tema en un artículo específico. Podemos adelantar, sin embargo, que esta comunidad ha desarrollado un rico vocabulario relacionado con la esfera de la sexualidad, con la intención de reconocer e incluir una gama más amplia de matices en el diálogo entre amantes con diferentes orientaciones sexuales e identidades de género.
Si tratamos de comparar de manera empírica algunas de las palabras clave que caracterizan el tema del sexo, dividiéndolas por género, nos damos cuenta de que no es tan fácil encontrar puntos en común. Aunque estemos hablando un mismo lenguaje, parece que los miembros de los dos grandes grupos de intérpretes hablan con reglas gramaticales, términos y acentos distintos, corriendo el riesgo de malinterpretarse o incluso de no entenderse en absoluto.
Volvamos entonces a las principales diferencias en la manera de hablar sobre sexo entre hombres y mujeres, comenzando por decir que hablar de un tema no significa necesariamente conocerlo. Podría afirmarse que un gran número de hombres conoce perfectamente la “puesta en escena” del sexo —aquella a la que pueden asistir con creciente facilidad desde muy jóvenes—, pero raramente, durante su crecimiento, tienen la posibilidad de aprender el valor y la complejidad de esta esencial y maravillosa expresión de la vida.
¿Qué le pasa al Homo Erectus?
Sabes bien que es raro que alguien nos ayude a comprender en profundidad qué es realmente el sexo. Por supuesto, hay muchas excepciones y distintas razones por las cuales este conocimiento fundamental no se transmite a los recién llegados al planeta, esos que tienen la tarea de crecer y reproducirse en nombre de la preservación de la especie. Podrías pensar que, en efecto, los seres humanos se han reproducido durante millones de años sin necesidad de explicaciones, confiando simplemente en sus instintos. Cierto. Pero el
problema es que el hombre contemporáneo cada vez tiene más dificultades para defender su estatus de Homo erectus.

Sí, parece que ha habido un enorme salto evolutivo, y esas maravillosas y serviciales criaturas que nos rodean —las mujeres— han empezado a evolucionar mucho más rápido de lo que podíamos imaginar… y además, han empezado a hacer demandas. A esto se suma el hecho de que muchos de nosotros estamos empezando a darnos cuenta de que la sexualidad vista desde un punto de vista falocéntrico masculino propone solo modelos basados en la competencia: longitud, duración, frecuencia, número de parejas, la objetificación de la persona con un catálogo de posibles posturas copulativas que tienen muy poco que ver con el placer compartido entre dos seres humanos. Y así, cuando nos encontramos a punto de un acto sexual, nuestra mente piensa más en nuestro pene que en descubrir a la persona que tenemos delante.
El secreto del pene erecto se pierde en la leyenda. Una vez un sexólogo me dijo que un andrólogo le había comentado que no se puede gobernar un órgano ingobernable. Si bastara con pedirle al pene que se levantara del mismo modo en que le pedimos a un brazo que se alce, probablemente la experiencia extraordinariamente placentera del acto sexual no sería tan satisfactoria y, seguramente, los seres humanos se habrían extinguido hace tiempo. Por eso la naturaleza nos ha dotado de un complejo sistema que nos permite, antes que nada,
sentir el deseo, y luego ver su manifestación: la erección en el hombre y la lubricación en la mujer.
Vamos al grano
Hablemos entonces de la erección y llamemos a las cosas por su nombre. Se considera que existen tres tipos de erección:
Erección reflejo-génica
Es producida por el contacto físico a través de la activación del sistema nervioso parasimpático (SNP). Sería simpático si funcionara siempre, pero no es así. A veces, incluso masturbándonos, nos falta un poco de empuje. ¿Será por eso que lo llaman parasimpático?
Erección psicógena o erección central
Es inducida por las emociones que se generan en el circuito límbico dentro de nuestro cerebro y es el resultado de una compleja interacción de factores psicológicos, emocionales y fisiológicos. Estas erecciones adoran los pensamientos y las fantasías eróticas. Sabemos, sin embargo, que los pensamientos no siempre se llevan bien con el sexo, y que a veces las fantasías eróticas dentro de una pareja no coinciden. A partir de estos supuestos, ¿de verdad hace falta incluir también las emociones?
Erección nocturna
Se considera un mecanismo espontáneo que se activa en la fase REM del sueño y que tiene la función de mantener la funcionalidad morfodinámica del pene, garantizando su oxigenación. Muchos de nosotros, al despertar, presumimos ante nuestras parejas de las llamadas “morning glory”, que son la continuación de este proceso involuntario y que nada tienen que ver con la excitación sexual. Lo saben bien los padres de niños pequeños que lo observan muy temprano. Por este motivo, no esperes demasiado de este fenómeno: no es él quien puede salvarte dentro de una dinámica de pareja que no está funcionando. Pero tampoco debes renunciar a él: simplemente acéptalo —solo o en compañía— recurriendo a los estímulos mencionados en los dos primeros tipos de erección.
Si deseas más detalles científicos, al final del artículo encontrarás algunos enlaces útiles.

La palabra a las emociones
¿Sigues conmigo? Bien. Ahora presta atención, porque vuelven a entrar en juego las emociones: esos estados del alma que nos guían en cada instante de nuestra vida y que funcionan como brújulas para comprender la realidad. Por eso es importante reconocerlas y respetarlas. A la dureza del pene se oponen, en efecto, mociones capaces de arrancarnos la energía en un solo suspiro.
¿Qué pone en riesgo nuestra erección?
Ansiedad por el rendimiento
Es la más conocida de las causas asociadas al fracaso amoroso y una de las más comunes. El miedo a no ser capaces de tener o mantener una erección lo creamos nosotros mismos.
Empieza respirando profundamente con el diafragma. Dirige tu atención a las sensaciones que produce el contacto con tu pareja. Usa tus sentidos: percibe los estímulos olfativos, visuales, táctiles y sonoros. No te precipites en la idea de poner el pene en el centro del encuentro. Podrías incluso decidir, por una vez, no utilizarlo, y concentrarte en la exploración de otras zonas erógenas. Tienes muchas.
Estrés general
El estrés crónico, ligado a factores como el trabajo, el estudio, el deporte, las relaciones o la salud, aumenta el nivel de cortisol (la hormona del estrés), que puede interferir con la testosterona (esta sí la conoces bien), reduciendo el deseo sexual. No eres una máquina, aunque a veces lo parezcas. Tu metabolismo hace lo imposible por responder a tus necesidades, pero a veces le exiges demasiado. Aprende a reconocer tu estado de estrés y date tiempo para recuperar el equilibrio. Una vez lo hayas hecho, podrás volver a buscar el placer evitando frustraciones innecesarias. Un masaje y la relajación muscular aumentan los niveles de endorfinas, mejorando el estado de ánimo y la libido. Pero sobre todo, dialoga con tu pareja para compartir tus emociones íntimas. También eso puede despertar mágicamente el deseo.
Depresión
Lamentablemente, las personas que sufren depresión pueden tener dificultades para sentirse sexualmente excitadas o para lograr una erección. Además, los medicamentos antidepresivos —en particular los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)— pueden tener efectos secundarios que incluyen disfunción eréctil.
Afortunadamente, la ciencia está avanzando mucho y está mejorando la experiencia sexual de muchos pacientes gracias a nuevos fármacos más especializados. No siempre es fácil reconocer esta enfermedad, que por desgracia está muy extendida también entre los jóvenes. Existen diversos síntomas que pueden revelar esta condición, como por ejemplo: tristeza persistente, pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras, irritabilidad, fatiga o falta de energía, alteraciones del sueño, cambios en el apetito o el peso,
dificultad de concentración, pensamientos de muerte o suicidio, retraimiento social, apatía, lentitud o agitación psicomotora. Si estás viviendo alguna de estas situaciones, busca ayuda de un especialista sin demora.
Tristeza
Incluso la tristeza, aunque menos intensa que la depresión, puede afectar negativamente tu vida sexual y tus relaciones. A veces vivimos experiencias que nos tocan profundamente y pueden cambiar la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y a los demás. Enfrenta la tristeza compartiéndola con tu familia, tus amigos y, por supuesto, con tu pareja. No tienes que demostrar nada a nadie a través del sexo; lo que necesitas es mostrarte auténticamente a través de la expresión de tus emociones, aquellas que te duelen y afectan tu vitalidad sexual. Incluso tus amigos varones podrían aprender algo sobre sí mismos gracias a tu sinceridad. Ofréceles esa oportunidad.
Miedo e inseguridad
El miedo relacionado con traumas sexuales pasados, inseguridades o el temor al juicio de la pareja puede bloquear la respuesta eréctil. Las emociones de miedo activan la respuesta de “lucha o huida”, que inhibe el grado de relajación necesario para que se produzca una erección. Es normal que los efectos de ciertas experiencias, aunque sean pequeñas, se reflejen en nuestra vida sexual. También les ocurre a quienes han tenido una vida sexual feliz. No somos siempre la misma persona a lo largo del tiempo, y nuestros compañeros o compañeras pueden sacar a la luz partes de nosotros que habíamos olvidado o que nunca habíamos conocido. Date tiempo para comprender la causa del bloqueo y para reconectar emocionalmente con tu pareja. La comunicación entre ambos es esencial: solos no siempre podemos salir del malestar. Si la situación se prolonga, considera la posibilidad de consultar a un sexólogo o a un psicólogo especializado en relaciones.
Sentimiento de culpa y vergüenza
La cultura en la que hemos crecido desempeña un papel crucial en nuestra relación con el sexo, que a menudo se nos presenta como algo pecaminoso o vulgar. La representación que hace la pornografía se apoya justamente en esos pilares. El porno degrada y vacía el ritual sexual, reduciéndolo a un acto de exhibicionismo extremo, al límite de lo real, cada vez más violento y desconectado de la emoción. Es posible que tu sensibilidad real —distinta de la que muestras ante tus amigos— te lleve a percibir ciertas prácticas como algo erróneo. A veces nos sentimos culpables ante el juicio de alguien, de la familia o de la pareja, o incluso
por el simple hecho de sentir deseo. Algunos jóvenes llegan a temer haber abusado de alguien únicamente por haber mantenido una relación sexual sin una verdadera conexión emocional con la otra persona. El deseo, el placer y la exploración sexual están en la base del bienestar de todos. Concéntrate en esa búsqueda. Tu cuerpo —y tu pene— te lo agradecerán.
La importancia de los controles médicos
En conclusión una disfunción eréctil persistente en el tiempo y la falta general de deseo sexual pueden ser síntomas de una enfermedad o de una disfunción hormonal. Consulta a tu médico, que podría recomendarte una revisión endocrinológica o andrológica. Recuerda que, en la mayoría de los casos, existen tratamientos y recorridos clínicos capaces de restablecer la plena vitalidad sexual. Si este artículo te ha resultado útil, compártelo con tu amigo. Ya habrás notado que nos gusta jugar con la ironía, pero sabemos que el tema es muy serio: un fracaso amoroso, especialmente si se prolonga, puede hacer sufrir muchísimo y generar efectos negativos tanto en el ámbito emocional como en el social. La ayuda entre hombres puede resultar muy valiosa para conocernos más a fondo y mejorar nuestra vida y la de quienes nos rodean. A continuación encontrarás algunos canales de profundización y fuentes útiles. También puedes escribirnos para contarnos tu experiencia. Recuerda que la comunicación es la primera medicina para nuestro bienestar emocional, mental y físico.
FUENTES:
THE MANOSPHERE REWIRED – UNDERSTANDING MASCULINITIES ONLINE AND
PATHWAYS FOR HEALTHY CONNECTION
https://www.equimundo.org/wp-content/uploads/2024/06/Manosphere-Rewired.pdf
Enlaces útiles:
¿CUÁNTOS TIPOS DE ERECCIÓN EXISTEN? – DRA. GIULIA BERTELLI – MY PERSONAL TRAINER
https://www.my-personaltrainer.it/salute/quanti-tipi-di-erezione-ci-sono.html
Influencia Emocional en la Disfunción Eréctil (DE): la ansiedad y la depresión se asocian frecuentemente con la DE. Un estudio descubrió que el 38.16% de los hombres con DE también experimentaba ansiedad, y el 64.97% padecía depresión. La gravedad de la DE a menudo se correlaciona con niveles más altos de estas alteraciones emocionales. Esto sugiere que la salud emocional desempeña un papel crucial en la función sexual. https://bmcpsychology.biomedcentral.com/articles/10.1186/s40359-023-01074-w
Alexitimia y Disfunción Eréctil: otro estudio destaca que los hombres con alexitimia (dificultad para identificar y expresar emociones) son más propensos a la DE. La
incapacidad de procesar las emociones de manera efectiva puede alterar el rendimiento sexual, lo que indica una profunda conexión entre la regulación emocional y la salud sexual. https://www.nature.com/articles/3901386.pdf
Factores Comportamentales: los factores relacionados con el estilo de vida y el comportamiento, como el tabaquismo, el consumo de alcohol y la actividad física, también
influyen en la DE. Estos factores son modificables y pueden abordarse mediante cambios en el estilo de vida, lo que a su vez puede mejorar tanto el bienestar emocional como la función eréctil. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33223424/ y https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34245677/
Estudio en Español: otro estudio examina la disfunción eréctil de origen psicógeno, subrayando cómo el miedo al fracaso y la ansiedad de desempeño (o de rendimiento) son
factores clave que contribuyen a la disfunción eréctil, especialmente en hombres jóvenes. https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0004-06142010000800006
