La brecha de culpabilidad. Mujeres, “ansiosas” y “exageradas”, dejen de hacer. Muchachos, “cómodos y relajados”, un poco más de pilas.
de Juan Ignacio Pereyra – Recalculando
Mientras los varones tenemos que dar pasos adelante y tomar la iniciativa ahí donde nos hacemos los giles, prácticamente en esos mismos terrenos las mujeres deberían hacerse a un costado y generar un vacío para que el milagro ocurra.
Hace un tiempo escribí sobre el trabajo invisible que a los varones nos cuesta ver en las tareas del hogar y la crianza de los hijos. A, una lectora, me dejó este mensaje:
“Creo que también a veces es un poco culpa nuestra, de las mujeres, que vosotros no os impliquéis tanto. Al final una piensa: ‘Lo hago yo en 5 minutos y va más rápido, que ya sé cómo se hace’. Y es importante decir: ‘No tengo que ser siempre yo’. De hecho, ¿qué pasa si yo no estoy? Toca repensarnos”.
Ella no apuntaba a responsabilizar a las mujeres por lo que los varones no hacemos. No. Las mujeres no son las culpables de la dinámica de género que las perjudica. Hay una educación y una socialización que desde bebes nos prepara para cumplir determinados roles.
Ya sé que hay varones que limpian el baño y que llevan a los hijos a la plaza o a vacunar, pero no es la regla. A nivel mundial, las mujeres realizan el 76,2% de todo el trabajo de cuidado no remunerado, dedicando 3,2 veces más tiempo a estas tareas que los hombres, dice la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Por ejemplo: ¿Quién investiga, busca, encuentra, elige y concreta un turno con un especialista, pediatra o terapeuta para afrontar diferentes desafíos y etapas de la crianza? ¿Quién falta al trabajo cuando se enferma un hijo? ¿Por qué?
Es un clásico eso de asumir una tarea —vestir a los hijos, planificar, ocuparse de la limpieza…— porque el otro la hará mal o no tan bien. Romper esa inercia sistémica requiere de iniciativa —para hacer o dejar de hacer— y autocrítica de todas las partes. Hacernos preguntas es un buen comienzo.
¿Por qué alguien hace mejor algo? ¿Hay un talento natural para limpiar baños? ¿Por qué el otro no puede aprender? ¿Qué hay detrás de eso? ¿Falta de confianza? ¿Reproducción de condiciones de codependencia? ¿Afán de control territorial?
Si eso que hago —trabajo remunerado o saber todo de mis hijos— me da un determinado espacio y rol en la pareja, ¿qué pasa si dejo de hacerlo? ¿Puedo volverme prescindible o menos deseable?
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Un certeza: a esta altura, muchos varones dejan de leer (pero #NotAllMen) y muchas mujeres piensan que esta newsletter debería leerla su pareja u otro hombre pero a él lo aburre. ¿Me equivoco?

N, otra lectora, me marcó un punto importante: “Siempre el inicio está en una”. Se refería a que la lista de cosas por hacer es visibilizada por la mujer: “La proactividad es unidireccional. Encima, nosotras caemos en la trampa del multitasking”.
— ¿Por qué el inicio está en las mujeres?
— Porque nos institucionalizaron con las tareas de cuidado. No sólo de los hijos sino de todo lo que implica cuidado: padres, relaciones, casas, etc. Nos “enseñan” a detectar eso que hay que cuidar y hacernos cargo. Se puede educar diferente, sí. Pero no es fácil, nos va a llevar generaciones. Una pareja puede repartirse las tareas. Todo bien, hasta que se suma un hijo y las variables que se agregan son muchísimas más de las que pensabas. Y ahí entra esa institucionalización o disciplina, en la que armar esa lista es más visible para las mujeres. A veces es difícil explicar todo o enseñarle al otro a armarla. Hay un poco de relajamiento inconsciente de los roles.
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La cuestión de las tareas del hogar y los cuidados se complejiza cuando observamos lo emocional y prestamos atención a los diferentes sentimientos que sobrevuelan una misma situación.
“¿Cuántas veces nos dijeron ‘exageradas’ o nos trataron de ‘ansiosas’ por estar ocupándonos de cosas que, si no lo hacemos, después no se terminan haciendo?”, se preguntó Florencia Sichel en Harta(s), su newsletter.
Sichel, filósofa y madre de dos, no se refiere solo a las tareas de cuidado o la carga mental sino a “otra cosa”, algo que “es como una sensación” que las mujeres tienen de trasfondo y que las acompaña (y que a los hombres no nos pasa, o no tanto).
“¿Cuántas veces te preguntaste por qué él tiene la capacidad de irse tranquilo a trabajar cuando el bebé tiene fiebre, mientras que cuando sos vos la que tiene que irse, lo hacés absolutamente mortificada, sintiéndote una madre abandónica?”, se pregunta.
“No es solo ejecutar la tarea o pensarla. Es también esa preocupación extra que padecemos quienes maternamos. Esta diferencia en las experiencias tiene un nombre: brecha de culpabilidad”, escribe Sichel.
La “brecha de culpabilidad” es un concepto utilizado por la periodista estadounidense Ellen Goodman —ganadora del Pulitzer, ex columnista del The Boston Globe y Washington Post—, para describir “ese abismo de preocupaciones que separa a las madres de los padres”.
Es una manera de expresar la diferencia en la carga emocional entre hombres y mujeres en los cuidados. Las mujeres tienden a asumir más preocupaciones y responsabilidades porque es lo que aprendieron que se espera de ellas, y eso las lleva a sentirse más culpables al no alcanzar ciertos estándares.
Esta autoexigencia extra puede llevar a una mujer a buscar constantemente información, educarse y perfeccionarse. Sichel lo expresa muy bien:
La brecha de culpabilidad es la que nos lleva a leer con más atención el prospecto que indica cuánto ibuprofeno tiene que tomar nuestro hijo en la madrugada. La que nos hace comprar el último libro sobre crianza respetuosa o escuchar un podcast que nos ayude a entender los berrinches. Es la que nos lleva a leer más libros, hacer más talleres y volvernos expertas en todos los temas.
Esto nos mete en una encrucijada a las madres de la que a veces es difícil salir. Por un lado, sentimos el interés, el compromiso y la responsabilidad porque, como madres, ¿qué mejor que estar en la mayor parte de los cuidados de nuestros hijos e hijas? Aunque, por otro lado, se retroalimenta de forma negativa un círculo en el que las madres pareciéramos ser las únicas que sabemos qué, cómo y cuándo de nuestros hijos e hijas.
Sigue lejendo en el blog Recalculando: https://ignaciopereyra.substack.com/p/banca-no-lo-hagas
